"¿Y no será que en este mundo hay cada vez más gente y menos personas?", decía, con esa mezcla de ingenuidad que los adultos le adjudican a los niños, Mafalda. Se especializó en poner puntos sobre ies. Si el humorista Joaquín Lavado, o Quino, como lo llaman todos, huboera continuado con u idea original, hoy el personaje estaría aconsejando nietos.
Hace exactamente 47 años, Mafalda se adueñó de una tira en la revista Primera Plana. Eran solo ella y su papá, en un proyecto limitado en el tiempo. Pero había llegado para quedarse, y siguió su camino por diferentes publicaciones argentinas e internacionales, por libros y revistas propios, y hasta por una serie de animación con doblaje neutro (mexicano).
Esa niña, que finalmente lo siguió siendo y realizó el sueño de muchas de dejar de cumplir años, mantuvo en alto su ácida crítica social y política, sorteando censuras y presiones. Repartiendo palos hacia todos lados cuando lo consideró necesario.
Las dos primeras etapas siguieron la cronología natural del ser humano. Empezó teniendo cuatro años, y al año siguiente la curiosa y preguntona Mafalda ingresó al jardín de cinco años. Luego la edad no importó, aunque sí el contexto social y político, en el que ella se ubicaba como una nena-joven de clase media.
En realidad, Mafalda había nacido en marzo de 1962. Dos años antes de su debut mediático, Quino la había dibujado para la empresa Siam Di Tella, como parte de una campaña para los lavarropas Mansfield. Pero no se publicó, y ella se quedó esperando su oportunidad. LA GACETA ©
Hace exactamente 47 años, Mafalda se adueñó de una tira en la revista Primera Plana. Eran solo ella y su papá, en un proyecto limitado en el tiempo. Pero había llegado para quedarse, y siguió su camino por diferentes publicaciones argentinas e internacionales, por libros y revistas propios, y hasta por una serie de animación con doblaje neutro (mexicano).
Esa niña, que finalmente lo siguió siendo y realizó el sueño de muchas de dejar de cumplir años, mantuvo en alto su ácida crítica social y política, sorteando censuras y presiones. Repartiendo palos hacia todos lados cuando lo consideró necesario.
Las dos primeras etapas siguieron la cronología natural del ser humano. Empezó teniendo cuatro años, y al año siguiente la curiosa y preguntona Mafalda ingresó al jardín de cinco años. Luego la edad no importó, aunque sí el contexto social y político, en el que ella se ubicaba como una nena-joven de clase media.
En realidad, Mafalda había nacido en marzo de 1962. Dos años antes de su debut mediático, Quino la había dibujado para la empresa Siam Di Tella, como parte de una campaña para los lavarropas Mansfield. Pero no se publicó, y ella se quedó esperando su oportunidad. LA GACETA ©